viernes, 16 de diciembre de 2011

Si tuviera tiempo, pararía el mundo y te haría mía.

Tiempo, qué palabra. Cuarta dimensión pasando desapercibida a través de ella misma. Paradójico y a su vez muy lógico. ¿No crees?
¿Te falta tiempo? ¿Se te pierde por las esquinas? Un consejo: remiéndate los bolsillos de la mente, elabora tu propio tiempo.
Temporalmente dormidos, ésta era no se mueve.
Estático, templado y al mismo tiempo helado. Te vuelve de piedra, te une a la tierra; tiempo...tan flexible...Infinito.
Muévete a través de el, hazte invisible y búrlalo. Pasado, presente y futuro. ¡Qué más dará!
Te daré el significado del tiempo. Tenaz. Imaginario. Elástico. Mortal. Perdido. Oro.
Necesito tiempo, pero nadie lo vende. Nadie regala su tiempo, ni lo presta siquiera. Es un bien tan preciado que lo tenemos y no. No lo vemos, pero está ahí, acondicionando nuestros actos. Yo propongo que lo hagamos nuestro Dios.
Dios Tiempo...Gritaría tic-tacs en espirales perfectas. Sería incorpóreo, sin alma, sin nada...tan solo tiempo. Sería perfecto y al mismo tiempo imperfecto. Lo perderíamos, lo encontraríamos, y lo volveríamos a perder.
Pero yo ya tengo diosa; y aunque nadie regala su tiempo, le voy a proponer algo: te propongo, diosa, intercambiar el tiempo que me queda de vida por el que le queda a la tuya. ¿Trato hecho?
Y a usted, Sr. Tiempo, le obligo a sublevarse a nosotros; que vayas mas despacio cuando esté con ella, que pases más rápido para más rápido poder verla, vuelve atrás sobre tus pasos y deja que le dé de nuevo el primer beso, párate cuando tenga esos momentos tan dulces con ella. Y hazte inmortal en nuestras vidas, no pares, no sigas.
Gracias tiempo. Por todo, y por nada.

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