viernes, 16 de diciembre de 2011

La caja del sueño. Capítulo uno: "El comienzo"


Ahí estaban los dos, acurrucados en sus muertas mentes, inmóviles ante la vida, yaciendo en un suelo de lágrimas y pétalos de rosas negras. Danny y Danna. Qué ilógico. Un sueño mordaz atravesaba sus cuerpos.
-Vamos Susan...no se puede ganar al sueño. Al menos a este, no.
Jack intentaba animarme, pero ante una situación así, ni las galletas con chocolate de mi abuela hubiesen servido.
Añoraba muchísimo a mi abuela y a mi hermana Claire. Llevaba litros y litros de lágrimas ahogadas dentro de esta pernoctación obligada.
Recuerdo el primer día. Aquella caja...dónde comenzó todo...
-CUATRO MESES ATRÁS-
"Querido diario, soy gilipollas." No tengo ni la más remota idea de como cambiarle el título a mi vida. El único chute de autoestima diaria es el momento en que Jack me sonríe por las mañanas. ¡Qué tonta es la vida!
Tengo ganas de que acabe, que acabe todo. Morir en cuerpo, ya que en alma estoy más que difunta. Ya tengo el título: "Querido diario, soy absoluta y rotundamente gilipollas."
Está decidido; hoy empezaré una nueva vida. La mañana irradia una felicidad atmosférica asombrosa. El cielo es azul, el sol deslumbra y los pajaritos cantan. Perfecto para cambiar de vida.
Quiero una vida sencilla, apacible. Saborear los buenos momentos y pasar de los malos. Quizás sea un poco más provocativa y le dé un poco a la lengua; llevo una vida muy callada. Ya empieza a aburrirme.
Estaba tan enfrascada en mi nueva vida mental, que cuando me dí cuenta estaba boca abajo y con varios hematomas en las rodillas. Había tropezado con una caja, una simple cajita, con unos relieves muy pomposos que parecían hasta mágicos.
La observé bien. Más bien parecía un cofre minúsculo, del tamaño de un gorrión dormido. En la parte de delante (o lo que yo creía que era la parte de delante) se vislumbraba un ojo abierto, cuya pupila era una pequeñísima cerradura, por lo que pensé que necesitaría una llave para abrirla. Por detrás había un ojo cerrado y un círculo de palabras que rezaba: "Gaa'kus doirr sirry bhai vai".
No tenía ni idea de lo que podía significar, pero seguro que mi profesor de griego lo sabe. Ese sabe de todo. Quizás esté en vikingo, o sean palabrotas en egipcio. Aún así la caja es preciosa, y tiene una especie de aura de felicidad somnolienta que me calienta el alma. Tan templada...
Subo colina arriba hacia el instituto. Ya llego tarde, como siempre, y correr no es lo mío.
Escaleras arriba, veo entre los cristales de las puertas a los alumnos de los cursos inferiores en sus pupitres, atentos a las explicaciones imposibles de los profesores.
Mi último suspiro lo doy en la puerta de mi aula. "Cardiopatía isquémica. ¿Alguien sabe lo que es?" Vaya tela...biología no me gusta nada. Abro decidida.
-Señorita Abbot. ¿Qué horas de llegar son estas?
-Lo siento mucho profesor Doyle...es que me he tropezado por el camino, y...
-Tu torpeza no te excusa. ¡A tu sitio!- El profesor Doyle, de biología no me tiene nada de aprecio (por no decir que me tiene manía)- De ahora en adelante, el que falte o llegue tarde a una sola de mis clases estará expulsado de la asignatura de biología. Dicho queda.
Lo que faltaba. Menos mal que acaba de salvarnos el timbre de cambio de clase.
-¿Qué coño te ha pasado?- Esta es Danna, mi mejor amiga. Llevamos juntas desde el primer curso.
-Mira esta caja. ¡A que es monísima!
-Sí, sí, es una verdadera monada, pero acabas de perder una clase de Mr. Chungo. Tú misma, eh.
-Sí, quizás haya tardado un poco, pero ya he dicho que me tropecé con esta caja...
-¿Con una cajita? No jodas, Susan. ¡Si es enana! ¿Cómo te has podido tropezar con ella?
-...y mira estos ojos...y estas palabras...-no es que hubiese obviado las preguntas de Danna. La caja me había dejado ensimismada, atontada en mí misma. Supuse que tendría sueño, ya que la dichosa frase de la cajita se intensificó de un tono azul rey y empezó a girar y a dar vueltas. Como un péndulo, hizo que me pesaran los párpados, me pesaban mucho. Y no tenía ganas de luchar contra el sueño.
Me desperté en una colina muy verde; el horizonte era blanco y no se vislumbraba ni siquiera el sol. ¿Era sonámbula? Y si es así, ¿a dónde había ido a parar? Esto no se parecía en nada a Noiselessville, mi pueblo. Anduve unas cuantas horas, sin ver nada que no fuera verde o blanco. De pronto se vió, Noiselessville.
¡Uff! Que alivio. Volví al instituto y me quedé por los pasillos; no quería volver a clase después de eso. Aunque en el pasillo todos me miraban con caras raras. Las chicas con cara de asco, los chicos me silbaban. No entendía nada...De repente Jack vino corriendo hacia mí. ¡Qué vergüenza! Lo amo con todas mis fuerzas pero nunca me atreví a decirle nada.
-¡Jack! ¿Ya has acabado las clases?
-Su...Susan. ¿Qué haces en pelotas?
Miré abajo un segundo y me quedé de piedra.
Estaba completamente desnuda. Mientras escuchaba de fondo una banda sonora de risas e insultos, me brotaron las lágrimas. Me dolía el pecho de vergüenza y rabia, acurrucada sobre mis piernas. Cerré los ojos y corrí por el pasillo hacia la salida, no quería ver mi propio cuerpo ni las caras de la gente, mofándose de mí. El pasillo no terminaba o se iba alargando...tenía miedo, muchísimo miedo y grité.
Noté el mismo empujón dimensional que el de esta mañana. Me había tropezado con la caja.
<<Próximamente el segundo capítulo de La caja del sueño, "Las cuatro">>

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